martes, 31 de mayo de 2016

Puertas

Fui adoptado. Nunca conocí a mi verdadera madre, quizá una vez, pero era demasiado pequeño para recordarlo. A pesar de eso amé a mi familia adoptiva. Eran muy amables conmigo, comía bien, dormía en una cálida y confortable casa, e incluso dejaban acostarme hasta altas horas de la noche.

Déjenme contarles un poco sobre ellos.

Primero, tenemos a mi madre. Nunca pude llamarla "mama" ni nada por el estilo, para mi era simplemente "Julia". No le molestaba que la llamara así, y hasta creo que tampoco se daba cuenta de ello. Fue una mujer muy amable, creo que fue quien recomendó mi adopción para empezar. A veces me colocaba a su lado frente a la televisión y acariciaba mi espalda con sus uñas. Era una de esas madres "Hollywoodenses".

Luego esta papa, su nombre era Ricardo, pero desde que llegue a casa nunca fui de su agrado, así que comencé a decirle "papá" en un desesperado intento por ganar su afecto. No funciono. Supongo que no importaba cómo le llamara, nunca me amaría tanto como a su propio hijo. Una característica que destacaba de papá que puedo contar era su severidad. No temía golpear a sus hijos cuando hacían algo mal. Descubrí eso antes de que pudiera ir al baño correctamente. Y bueno..., ahora me comporto gracias a sus duros métodos.

Por ultimo tenemos a mi hermana, Emilia era muy pequeña cuando fui adoptado. y ligeramente mayor a mi (aun así me gustaba pensar en ella como mi hermana pequeña). nos llevábamos mejor de lo que cualquier otro par de hermanos podría. Siempre nos quedábamos hasta muy tarde platicando; ella haciendo gran parte de la platica, mientras yo solo escuchaba porque la quería mucho. Era una gran casa la que teníamos, y a pesar de eso compartimos habitación. por mi estaba bien, amaba estar con ella y me sentía seguro a su lado... Pero todo cambio una horrible noche de miércoles.

Estaba en casa tomando una siesta cuando Emilia abrió la puerta de enfrente. El sonido de la puerta siendo empujada me despertó y camine del cuarto a la sala de estar. Venia de su clase católica, al verme no hizo más que abrazarme. Tras ella venían Papá y Julia.

- ¿Te gusto la siesta? - dijo Julia burlonamente mientras revolvía mi cabello con sus manos. Moví mi cabeza y bufé siguiendo el juego. Mi padre me miró ásperamente y con autoridad. Cerró la puerta tras de si y colgó su abrigo.

- Solo bromeaba... - gruñí en voz baja, estando seguro de que no me había escuchado; habría tenido un golpe como respuesta de ser así. Emilia pasó a nuestro cuarto y la seguí. Comenzó a hablarme sobre su día. Ya sabes, cosas de chicas. Después de su charla me sugirió que viéramos algo en la televisión.

Al no re usarme fue en busca del control remoto y yo brinque al sillón para acomodarme. Ella rodó los ojos ante mi pequeño acto inmaduro, se situó a un lado mio y encendió el televisor. Emilia era del tipo de chica que en lugar de ver telenovelas y caricaturas, prefería ver Discovery Channel, Animal Planet o Natural Geographic. Me gustaban también, de hecho, eran los únicos canales que lograban mi total atención.

Cuando se hizo tarde Julia nos mando a dormir, nada más que un pequeño rayo de luz proveniente del alumbrado público iluminaba la habitación. No mucho. Esa noche, una y otra vez juré haber escuchado sutiles ruidos por fuera de la ventana. Una rama rompiéndose, hojas siendo pisadas... y todo el tiempo pude percibir el olor a sudor, y sangre. Mantuve mis ojos abiertos toda la noche.

Pero los ruidos de afuera desistieron poco a poco y el olor comenzó a abandonar mi nariz. Más tranquilo, cerré mis ojos. Poco después de eso escuche un fuerte ruido del otro lado de la casa; me levanté al instante.

- Hay alguien en casa! - gruñí con la adrenalina corriendo por mis venas - ¡Despierten! - me situé en la cama de Emilia para despertarla y lo hizo, tan pronto como se levantó y se incorporo en la cama, corrí a la alcoba de mis padres...

Papá estaba muerto. Su cuello se encontraba brutalmente abierto y de él se seguían derramando gruesos hilos de sangre. Se encontraba afuera de la cama, acostado en el suelo Vi que el baño principal estaba cerrado, y - justo enfrente de  el - había un hombre... ¿un hombre?... no me sentía cómodo llamándolo así.


Era muy alto y robusto. Volteó su mirada hacia mí y me vio, esa fue la primera ves que lo vi mas definidamente. Nunca lo olvidare, sus ojos eran grandes y perdidos en la lujuria y la ira. Tenia una barba descuidada de la que caían pequeñas gotas de sangre. Su ropa estaba sucia y su expresión era fría. de pronto volví a percibir el desagradable olor a sudor y sangre de antes, pero esta vez era mas abrumadores.

Me miro y sonrío con sus torcidos y amarillentos dientes, su sonrisa me desconcertó. Pensé que me iba a matar, pero volteó de nuevo hacia la puerta del baño despreocupado por completo de mi presencia. Estaba aterrado y no sabia que hacer, comencé a gritar y llorar. Vi cómo derribo la puerta que era la única protección de mi mamá; lo vi levanta la larga hoja de afeitar que traía consigo, pero que se rehusaba a utilizar apropiadamente y vi como habría a mi mamá en dos...

Entonces escuche algo, lo ultimo que hubiera querido escuchar... Era el grito de Emilia, detrás mio. Esa monstruosidad apartó su mirada de mi madre descuartizada y la pasó en mi pequeña hermana. Se levantó y camino hacia nosotros.

Mi hermana giró y corrió, y me encontraba petrificado cuando el me pasó de lado para ir tras ella. ¿Que hacia en la casa? ¿No había evaluado la situación y huido?

Lo seguí. Me imagine que al mataría también, pero estaba tristemente equivocado. La agarró del brazo y la tiró dejando claro quien estaba en control. Hice todo el ruido que pude, esperando y rogando que alguien pudiera escucharme y viniera en nuestra ayuda. No podía llevársela. No a ella.

Cuando paso delante de mi me arrimé contra la pared y gemí en horror, - ¿por que? - No respondió, en cambio puso su mano libre sobre mi cabeza, mientras Emilia gritaba por auxilio.

- Buen chico - me dio otra sonrisa torcida. Los seguí hasta la puerta donde él la arrastraba consigo. La abrió de un empujón, se deslizó a través de ella y azoto la puerta detrás de si.

Ahora estoy sentado en la cama, con mis padres adoptivos mutilados, temblando y gimiendo en consternación. El esta afuera con mi hermana y no puedo hacer nada para ayudarla. Lo haría si pudiera, pero no puedo. Iría tras ellos en un abrir y cerrar de ojos, pero no puedo. Me siento aquí, mirando a mis papas. Si tan solo pudiera abrir puertas...


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